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¿Por qué conocer nuestros valores es importante?, y una manera de hacerlo

Seguro que has oído mucho hablar de valores. Al menos, hace unos años estuvieron muy de moda y todos los coaches trabajábamos los valores con nuestros clientes. Me he animado a hablar sobre ello a raíz del tema de hace dos semanas, en el que hacía una reflexión sobre la frase que Silvia, de @goodthings.es me envió por privado y que dio lugar a un artículo titulado Valorar lo que tenemos ¿qué tiene que ver con ser o no ser madre?  . Este artículo dio lugar a una conversación muy chula en instagram. en la que surgió el tema de los valores. Por cierto, te animo a que te quedes hasta el final, no solo porque creo que el tema te puede ser muy útil, sino porque te voy a hablar un poquito de Silvia, y ya verás por qué…

Como te decía, el tema de los valores es muy útil, yo diría que clave para vivir de una manera más en paz con nosotras mismas y la vida que llevamos y me atrevo a hacerlo porque es un tema que, como coach conozco y he trabajado también conmigo misma, si no, no lo haría. Hay muchas formas de trabajar con ellos, unas, para mí, más útiles que otras, y yo te voy a compartir la que yo creo que es la más efectiva, sino ¿para qué? No quiero hacerte llegar más información inútil y de relleno. O te doy contenido útil, o no te escribo. Ni tú ni yo estamos para perder el tiempo, ¿no? Pues vamos allá. Déjame primero que te cuente, de una manera clara y concisa qué son los valores.

Al final de la página encontrarás un audio descargable complementario

¿Por qué conocer nuestros valores es importante?, y una manera de hacerlo

by Pilar Herráez (Pocholate, la Comunidad para Mujeres sin Hijos)

En primer lugar. Los valores no tienen nada que ver con la moralidad, con lo que está bien o mal son, y aquí cito una frase del libro “Principios del coaching coactivo” porque creo que lo explica de una manera muy clara y a la vez, bonita: “Los valores son las cualidades de una vida vivida plenamente de dentro a fuera”, ¡toma ya! ¿Se entiende? Es decir,

son como las guías, los principios (ojo, esto no tiene nada que ver con moralidad), aquellas cosas que hacen que nuestra vida, nuestro día a día tenga sentido, no por lo exterior, sino porque estamos viviendo lo que sentimos dentro de nosotras como cierto, como valioso, y lo reflejamos en lo que hacemos fuera,

¿me explico?

Y, ¿por qué son importantes los valores? Porque cuando tenemos claro en nuestra cabeza qué cosas dan sentido a nuestra vida, sabemos hacia dónde tirar, tenemos cierto orden, primero en nuestra cabeza y después se convierten en una especie de faro que nos avisa de si vamos por buen camino.

Pero, ojo, lo realmente importante no es saber cuáles son y ya. Esto se convertiría en una lista chula y ya está, poco útil ¿verdad?, como esas listas que muchas personas hacen con las cosas que tienen que hacer en la semana, o el mes o lo que sea y que pocas veces cumplen, o como la lista de propósitos de año nuevo que se queda en el papel como un recordatorio de lo que no hemos hecho. No, no queremos añadir más listas a nuestra vida, más información a nuestras cabecitas ya de por sí saturadas. Queremos cosas que nos ayuden de verdad a vivir mejor, ¿si? Vale, ¿entonces qué es lo realmente importante una vez que ya los tenemos? Pues, como dice una corriente de coaching que se llama “Coactivo”, honrarlos, ¿y qué significa esta palabra en relación con los valores? Pues, amiga mía algo tan simple, y no siempre fácil, como ser coherente con ellos.

Me explico, si yo sé que, para mí, un valor importante es la amistad, pero luego pasan semanas sin llamar a una amiga, sin quedar con ella porque siempre estoy muy ocupada, pues ahí no estaré honrando ese valor, no estaré siendo coherente con él, y ¿qué pasará?, pues que me sentiré fatal.

Y es que si para algo sirven de verdad los valores es para avisarnos, de si estamos viviendo de la manera que realmente queremos, para indicarnos si somos coherentes o no y esto, si estamos atentas lo sentimos muy fácilmente en forma de tensión, de estrés, de falta de energía. Yo te diría, cuando sientas que estás agobiada, que no sabes muy bien para dónde vas, que estás haciendo cosas, pero no te sientes ni satisfecha ni mucho menos feliz… ¡para! Y revisa tus valores.

Por supuesto, puede haber muchas cosas que revisar, y los valores no son la panacea, de hecho, no creo que esta señora tan nombrada exista, pero sí que te puedo asegurar, que revisarlos y ver si los estamos cumpliendo, por así decirlo, te ofrecen muchísima información de por qué estamos sintiendo malestar y ese ya es un gran paso

Sabes que me gusta ser muy clara y sincera, y que no me gusta el happy flower instagramero, de consejos y frasecitas del tipo “tú nena puedes con todo”, así que no te voy a decir que trabajar solo los valores te va a hacer más feliz y atención a esto, si tienes temas sin resolver, traumas (no tienen por qué ser muy graves, para cada persona una situación o episodio de su vida puede marcarle de una manera diferente)  o estás pasando por un episodio de estrés o ansiedad fuerte o depresión. Creo que estos temas hay que trabajarlos primero con una buena profesional. Pero si no te ocurre nada de eso y, simplemente, tienes esa sensación que te comentaba antes de no saber muy bien por dónde vas, de cierto agobio, falta de motivación, entonces, sí, trabajar los valores te puede aportar claridad, guía y motivación.

Bueno, pues ahora que ya tendrás más claro qué son, por qué son importantes y para qué sirve conocerlos y ser coherente con ellos, o eso espero, si no, dímelo y te lo explico de otra manera, vamos a ver cómo descubrirlos.

Hay distintas formas, una de ellas, que es elegirlos de una lista, ni la tengo en cuenta porque no suele ser real, ¿por qué? Porque vemos una lista con preciosos valores en ella, y solemos elegir aquellos que nos suenan bien y pasar por alto aquellos que tienen “mala prensa” por decirlo de alguna manera. ¿A quién no le gusta el valor “amor” si la propia palabra ya es bonita?, ¿y quién elegiría “fama” o “reconocimiento” ?, pues te aseguro que algunas personas no, porque de manera inconsciente asociamos muchas cosas positivas o negativas a ciertas palabras. Así que, si alguna vez vas a un coach y te saca una preciosa lista… ¡huye como si no hubiera un mañana!, no, en serio, quizás es un buen profesional, pero no el mejor para trabajar los valores. De verdad, no sirve. Lo he vivido como profesional y como cliente de otros coaches. Cuando hice la reflexión de mis valores de otra forma, vi, que pocos coincidían con los de mi preciosa lista. Bueno, pues voy a contarte una de las formas que más me gustan porque me parece primero que te da poco pie al autoengaño y segundo porque es una manera que invita a la reflexión y esto siempre nos aporta cosas muy valiosas. Antes una cosa importante, que se me olvidaba: ten en cuenta que para cada persona un valor puede significar cosas diferentes, por ejemplo, la palabra “integridad” para una persona puede significar practicar lo que se predica” y para otra “completo”, ¿me explico?. Ten esto muy en cuenta cuando hagas el ejercicio. Vamos allá, por cierto, si eres suscriptora te enviaré un audio con este mismo ejercicio guiado y más extenso, como si estuviéramos haciéndolo juntas😉

Piensa en aquellos momentos especiales en los que la vida te pareció gratificante, bella, que te conmovió, aquellos momentos en los que sentiste “wow, esta vida es una maravilla” y hazte estas preguntas:

  • ¿Qué estaba ocurriendo exactamente?
  • ¿Quién había?
  • ¿Qué cualidades estaban presentes?
  • ¿Qué emociones?

Imagínate que sentías alegría, paz, conexión…lo que sea, eso ya te da una pista, empieza a anotar todas esas palabras que definen cómo te sentías en ese momento  porque, muy probablemente, ahí estén tus valores. Después, teniendo en cuenta lo que te comenté de que una palabra puede significar cosas diferentes para cada persona, desgrana lo que cada uno significa para ti y quédate con lo que realmente sientas que lo define.

Esta es una de las formas que más honestas me parecen y más efectivas, te lo aseguro.

Está claro que trabajar con algo así es mejor hacerlo con alguien que no seas tú misma y que un buen coach que te guíe te puede hacer que los descubras más fácilmente porque te guiará con preguntas para que tú misma saques las conclusiones de eso que estás contando, pero si te comprometes a ponerte un rato cada día, con sinceridad, sin interrupciones, tú misma puedes descubrirlos, quizás necesites más tiempo, pero lo puedes conseguir. Yo desde luego te animo a que lo hagas porque merece mucho la pena.

Si lo haces y tienes alguna duda sobre los valores, o sobre este ejercicio que te propongo, aquí me tienes y en la medida de lo posible, yo trataré de ayudarte.

Y si te ha interesado el tema y quieres saber más, o quieres que te cuente más formas de descubrir tus valores, de trabajar con ellos para que te sirvan de guía o cualquier cosa que se te ocurra, por favor, coméntamelo porque ya sabes que siempre estoy creando contenido para ti, pero si no sé exactamente que te hace falta, que te resulta útil o que no, pues estaré dando palos de ciego, malempleando mi tiempo y malgastando el tuyo, y la vida tiene tantas cosas para hacer que no queremos eso, ¿verdad?

Pues lo dicho, espero tus preguntas, comentarios, peticiones, en los comentarios del blog, o por mensaje privado, correo, redes…ya sabes.

Pero no te vayas todavía, que quiero contarte un poquito más sobre Silvia, porque es el ejemplo clarísimo de que el topicazo de que a las mujeres que no somos madres  no nos gustan los niños es falso. Silvia, rompe totalmente con ese estereotipo o juicio porque su marca Good Things está destinada a los bebés, ¿cómo te quedas? Silvia vende productos hechos por ella para poder ofrecer a las mamás el momento más feliz de su vida en forma de cuadro de nacimiento con los datos de su bebé además de otros complementos. Silvia dice que siempre supo que no quería ser madre, pero le gusta coger un bebé en brazos y hacerles carantoñas. ¿Te das cuenta? Quizás le producen ternura, ¿por qué no?, y esto es solo una suposición, quizás entre los valores de Silvia esté la ternura, pero esto no significa que tenga que vivir ese valor solo desde la maternidad. Como decíamos en el podcast anterior, primero una sabe cuáles son sus valores y después, adecúa su vida a ellos, y esto significa que un mismo valor puede vivirse desde la maternidad o la no maternidad, ¿no te parece? Bueno, nada más, pero me parecía muy importante presentarte a Silvia porque desde que la conocí por instagram me llamó muchísimo la atención, no porque a mí me parezca raro que una mujer sin hijos se dedique al mundo infantil, sino porque me pareció una muestra más de que los tópicos y los estereotipos están ahí para desafiarlos, y ella lo hace. Si tienes sobrinos o amigas que tienen hijos, échale un vistazo a su web 😉

Nada más, muchas gracias por escucharme / leerme y ¡hasta pronto!

Un abrazo

Valorar lo que tenemos ¿qué tiene que ver con ser o no ser madre?

Cuando digo que Pocholate es para todas las mujeres sin hijos y que todas podéis aportar, opinar y sugerir lo digo de verdad. Y por eso estoy tan contenta y agradecida porque Silvia de @goodthings.es me enviara un mensaje con un texto que había encontrado en Instagram, una reflexión y me sugiriera escribir un post sobre ello. (Por cierto, Silvia y su marca es un ejemplo claro de que no ser madre ni querer serlo no es sinónimo de odiar el mundo infantil, te invito a  que visites su web, te dejo el link más abajo) La frase era:

“La maternidad te cambia la vida es cierto, sí. Te enseña lo que es importante de verdad y también te enseña a valorar más lo que tienes…”

Y su reflexión: “Es como si no supiéramos lo que es importante de verdad, ni valorar lo que tenemos… ¿hay que ser madre para eso?”

Esta pregunta que se hace Silvia, nos la hacemos muchas, ¿a que sí? Y como sé que es así y ella me propuso que hablara del tema, ¡pues dicho y hecho! Aquí te comparto mi opinión, así que, si te interesa, sigue leyendo o dale al audio (ya sabes que también lo tienes en Ivoox y Soundcloud)

Valorar lo que tenemos ¿qué tiene que ver con ser o no ser madre?

by Pilar Herráez (Pocholate, la Comunidad para Mujeres sin Hijos)

Para mí obviamente, la respuesta a si hay que ser madre para saber lo que es importante de verdad y valorar más lo que tienes, es un rotundo y claro NO. Me considero una mujer que sabe lo que le importa en la vida y no he necesitado la maternidad para ello, como tampoco la he necesitado para valorar lo que tengo. Por supuesto sí estoy de acuerdo en que la maternidad te cambia la vida ¿cómo no si pasas a tener que cuidar a otra persona que no eres tú y que durante muchos años depende de ti, y a tener un vínculo de por vida? Eso emocional y mentalmente tiene que ser una revolución, sin hablar de los cambios que tendrá tu vida para siempre. Pero que te enseñe lo que es de verdad importante o a valorar lo que tienes… ¡pues depende!, ¿y de que depende?, como dice la canción, pues de cada una, claro.

Pero quería ir más allá, porque esta respuesta podría parecer la opinión de una mujer para la que la maternidad nunca fue prioritaria ni importante, y que quiere defender esta opción de vida, y nada más lejos de la realidad. Yo no quiero defender mi opción, nuestra opción, yo quiero que se respete, punto. No quiero que mi respuesta se clasifique de poco objetiva, o se vea como una generalización más porque precisamente eso es lo que no queremos, ¿no?, así que le he dado muchas vueltas al tema para contarte por qué creo de verdad, que esta afirmación es incorrecta.

Para ello me planteé la reflexión contraria, es decir, imaginé que yo, o cualquier otra mujer sin hijos, escribimos algo así: “La no maternidad (el no ser madre) te enseña lo que es importante de verdad y también te enseña a valorar más lo que tienes” Para empezar, si veo esto, así tal cual, en plan generalizo y me quedo más ancha que pancha, cuanto menos pensaría que vaya tontería.  Pero esto lo hice por algo. Te sigo contando. Me dije esto y realmente me tomé muy en serio esta reflexión, y siendo completamente sincera conmigo misma me di cuenta de que, al menos para mí, es falsa.

El no ser madre no me ha enseñado lo que es importante para mí, más bien la reflexión de lo que para mí es realmente importante, me ha llevado a la decisión de no serlo y esto es muy diferente.

Es decir, para mí hay unos valores importantes en mi vida que se expresan a través de esa opción. E imagino que para la mujer que escribió esta frase sobre la maternidad, hay una serie de valores que ella vive a través de su opción: la maternidad. O sea, creo que 

tanto una como otra opción no son las catalizadoras que nos enseñan lo que es importante para nosotras, sino que es la manera a través de la que vivimos esos valores importantes.

En cuanto a lo de valorar más lo que tenemos, me pregunto ¿cómo influye el ser madre o no serlo en que valore más mi salud, mi pareja, mi casa, mis amigos, mi familia…? Pues, la maternidad, no lo sé porque no la he vivido, aunque seguro que para alguna mujer hay alguna relación y será suya, única y diferente. Y en cuanto a la no maternidad pues, sinceramente, se me ocurren muchas cosas que valoro, pero no sé en qué medida el hecho de no ser madre tiene algo que ver en ello, ¿tiene algo que ver el no haber parido con que valore a mi marido?, ¿tiene que ver el que no tenga un bebé con que valore mi salud?, ¿tiene que ver el que no tenga un hijo con que valore a mis amigos? No sé cómo lo ves tú, ya te digo que es mi opinión y cómo yo lo siento.Para mí, se trata de cosas y personas que valoro por sí mismas, por lo que aportan a mi vida, por lo que me hacen sentir, su valor no depende de mí opción.

Lo que sí sé es que el hecho de no ser madre no quiere decir que no sepamos valorar lo que tenemos, ¡por favor! 

La verdad es que me fastidian este tipo de verdades absolutas, cuando es tan sencillo como ser respetuosa y decir que para ti la maternidad es… ¡la pera limonera!

Volvemos a lo de siempre, a la importancia de cuidar las palabras. No podemos dar nuestra opinión como si fuera una verdad absoluta, no señoras, porque de ahí viene el que prolonguemos toda clase de estereotipos, juicios etc. Me parece muy bien que para esta mujer la maternidad le haya enseñado lo importante, pero ¿no sería más acertado y realista haber añadido un “en mi opinión” o un “para mí”? …no sé…ya sabéis que, para mí, y recalco esto, las palabras son muy importantes porque son las que se convierten en creencias y estas generan todo tipo de juicios y opiniones.

Y, por otro lado,  no nos olvidemos, una vez más, de todas las mujeres para las que no ser madre no fue algo elegido, sino impuesto por la naturaleza, ¿cómo deben sentirse ante una frase así? Si están aún sufriendo el dolor que les habrá provocado enfrentarse a esa realidad, estas especies de verdades universales podrían generarles aún más dolor. ¿Por qué?, pues porque como es algo que han deseado, leer esta “verdad absoluta” les puede llevar a creer que no van a aprender lo que es importante en la vida y valorar lo que tienen, y esto, les va a quitar fuerza para centrarse en aceptar su realidad, superarlo dándose cuenta de que esa opción no elegida, quizás  pueda ser la que les lleve a aprender que hay otras cosas importantes en su vida y a valorar más las que ya tienen.

Bueno, esto es lo que yo pienso, pero ¿qué opinas tú?, me encantaría saber qué es lo primero que te viene cuando lees frases como esas y, sobre todo, si crees que el hecho de no haber sido madre, tanto si lo has elegido como si no, te ha hecho que valores más lo que tienes o te ha enseñado lo que es importante.

Muchas gracias por leerme, ya sabes que me encantará saber de ti, para lo que puedes dejar un comentario en el blog, o en las redes, que tienes más abajo.

Un abrazo y ¡hasta pronto!

Web de Silvia: Goodthigs 

Ignoradas o estereotipadas

Sí, sé que el título es quizás pelín dramático, pero entenderás porqué lo he elegido cuando sigas leyendo o escuchando. No sé a ti, pero a mí, a estas alturas de la película, me sorprende muchísimo que, en las raras ocasiones en las que se habla de las mujeres sin hijos, se haga con tanto cliché, tantos estereotipos y tanta falta de realidad sobre cómo somos y vivimos. Y es que, si leemos las publicaciones sobre las NoMo, Pank, Childfree, Childless… hay tanta idea preconcebida y juicio, que hasta a nosotras mismas nos cuesta reconocernos en esas definiciones. Y, ¿por qué crees que es esto? Pues quédate por aquí que te lo cuento (ya sabes que lo puedes leer o escuchar, tú eliges)

Ignoradas o estereotipadas

by Pilar Herráez (Pocholate, la Comunidad para Mujeres sin Hijos)

¿Cuántos anuncios has visto dirigidos a nosotras?, ¿en cuántos programas, series, o películas has visto retratada tus experiencias o el modo de vida que hemos elegido o que simplemente los protagonistas seamos mujeres sin hijos o parejas sin hijos?

Dime si no, cuantos blogs hay de nosotras para nosotras y cuantos centrados en la maternidad. La cosa llega hasta tal punto, que ni nosotras sabíamos que existían términos para referirse a nuestra situación o modo de vida, aunque esto se ha acabado porque yo te lo cuento muy clarito en mi primer artículo y porque este blog lo he creado por y para nosotras.

Teniendo en cuenta que ya somos más del 25% las mujeres nacidas a partir de los 70 que ni somos madres, ni lo seremos, y que parece que el término, y todos los que engloba, está tan de moda ¿cómo es posible que exista ese desconocimiento tan increíble de cómo somos y vivimos realmente y cómo es posible que muchas de nosotras no nos reconozcamos en esos términos? Ya te apuntaba en mi primer artículo que, según yo lo veo hay dos razones principales: una, que

y dos: porque se han añadido definiciones “extra” que lejos de complementar las traducciones clarísimas de lo que significa ser Childfree, Childless, NoMo o PANK, las han distorsionado y alejado de la realidad.

Pero hoy quiero desarrollar un poco más estas razones que, repito, son mi opinión, así que, si tú tienes otra diferente o se te ocurren más, me encantaría que las compartieras.

¡Pues vamos allá!

En la mayoría de los artículos que he leído, se nos retrata como mujeres exitosas, que tienen mucho dinero y que lo gastan en comprar y en viajar. Para empezar, habría que definir muy bien que significa “éxito”, pero mejor lo dejamos para otro día porque me voy del tema, y, en segundo lugar, por supuesto que puede haber mujeres que ganen mucho dinero y lo gasten en lo que quieran, pero, por favor, no generalicemos, no todas somos iguales, aunque es cierto que obviamente, si no tenemos niños ese dinero que no nos gastamos en ellos, lo podemos gastar en nosotras. La cantidad, ya depende de cada una, porque repito, no todas somos altas ejecutivas. Pero, sobre todo, el problema de esta definición, aparte del desconocimiento que demuestra creer que la mayoría de las mujeres sin hijos estamos con la tarjeta en la mano todo el día, es que, si lees los comentarios a esas publicaciones, alucinas con las opiniones. En muchas aparece el término “egoísta” como una de nuestras ejem, “cualidades”. Y está claro que eso son opiniones de personas bastante cerradas de mollera, como diría mi abuela, que aún tienen muchas creencias sobre lo que debe significar ser mujer, pero también creo, que la falta de realidad de estas publicaciones facilita esas opiniones.

La verdad es que no sé por qué esa falta de interés en informarse bien sobre nuestra realidad, cuando la información y la documentación deberían ser el punto de partida de todo periodista, ¿no? Quizás solo se trate de que aún nos estamos acostumbrando a estos cambios sociales, estos cambios de rol, y lleve su tiempo…eso espero, al menos.

Lo que tengo claro es que tampoco ayuda el hecho de que, ya que nos empeñamos en copiar anglicismos, no nos ciñamos a su traducción y nos empeñemos en añadir definiciones extras o grandes titulares que son el fruto de una opinión o juicio y que, en lugar de aportar, crean confusión y dan pie a más creencias, juicios y desconocimiento.

Mira si no qué tiene que ver la traducción literal de Pank (Professional Aunt no kids): tías profesionales sin hijos, con definiciones como “mujeres con buenos sueldos que no tienen hijos pero sí sobrinos, y por eso hacen partícipes a los niños de sus hermanos de su estupendo nivel de vida” (Revista Glamour), o esta desafortunada frase, en mi opinión, del periódico El Mundo en un artículo en el que habla de las “NoMo”: “Cuando una mujer rellena un diario contando sus inquietudes, su día a día, sus planes de futuro y pinta un bebé al que después tacha, está claro que esa mujer no quiere ser madre. Esa mujer es una ‘NoMo’, ¿en serio? Entiendo que la autora, sí, es una mujer, ha tratado de describirnos usando un lenguaje digamos “poético”, pero estas florituras no siempre sirven para describir la realidad y en mi opinión, no es una opción muy acertada para dar a conocer objetivamente un grupo social. En este caso me parece que frivoliza la decisión de no tener un hijo que, para algunas es algo rápido y claro y para otras no tanto.

Pero, por favor, no me malinterpretes, no quiero dar la impresión de que todas las publicaciones tienen como objetivo claro el dar una mala imagen de nosotras, de hecho en muchas se trata de presentar la información de una manera lo más objetiva posible, pero claro, a veces la línea entre la opinión de quien escribe y la objetividad es muy delgada amiga mía, y vemos como, hasta en publicaciones de mujeres para mujeres, se cuelan opiniones generalistas como “ Es cierto que los hijos son una alegría inmensa, pero debemos respetar a aquellas mujeres que no quieran tenerlos y deseen continuar con su carrera profesional para conseguir aquellos ascensos que tanto tiempo llevan buscando” (Womenalia). Estoy de acuerdo que muchas mujeres eligen profesión por delante de maternidad, pero de nuevo es una información sesgada y demasiado tajante, que excluye cualquier otro tipo de motivo y da una imagen parcial de la realidad, ¿no crees? Decir esto es como decir que las mujeres que eligen ser madres no desean seguir con su carrera profesional, y eso, todas sabemos que no es cierto, aunque muchas veces esta elección implique precisamente ese resultado.

Quizás trato de hilar muy fino y ser muy puntillosa con lo que se dice, pero es que creo firmemente que lo que decimos tiene un impacto brutal en la vida, las palabras son creadoras, habrás oído mil veces, y esto, lejos de ser algo esotérico o hippy, es una realidad demostrada, y esto no lo digo yo, lo dicen personas tan conocidas como Mario Alonso Puig.

Así que, llego a la conclusión de que, si queremos que se nos vea de otra manera, y que se nos deje de juzgar,

quién escriba sobre nosotras y nuestra realidad, necesitaría en primer lugar informarse bien, molestándose en charlar con mujeres reales,

como hicieron los de El Confidencial porque así muchas de esas coletillas que se añaden a las definiciones desaparecerían bajo la abrumadora realidad que aporta el conocer quién hay detrás de esa definición, y, en segundo lugar

prestar mucha atención a lo que escriben para ser lo más objetivos posible y, si van a dar su opinión, porque están en su derecho, dejar bien claro que eso es lo que es, y no una información verídica basada en la realidad.

Entiendo que todo necesita un tiempo para cambiar, pero también soy de las que creen que para que sucedan cambios hay que hacer algo, y este blog es mi manera de aportar mi pequeño granito de arena a ese cambio, y como te he dicho desde el principio me encantaría que tú formaras parte de él y, por tanto, aportaras tu granito de arena a este cambio tan necesario. Ya sabes, yo sola no puedo, pero entre todas sí. Así que, me encantaría que comentaras, que me escribieras o que me siguieras en las redes para formar, entre todas, una comunidad real, capaz de hacer que se nos vea y se nos escuche 😉

¡Hasta la próxima, nos leemos por aquí y por las redes!

Un abrazo

Hoteles para adultos, ¿cuál es el problema?

Seamos claros: descansar con niños no es lo mismo que sin ellos. Eso es una realidad y lo dicen hasta los padres. Entonces, ¿por qué tanta polémica con el tema de los hoteles solo para adultos?

Decir que vas a un hotel que no admite niños es recibir instantáneamente una mirada reprobatoria y un montón de preguntas, ya sabes, del tipo ¿es que no te gustan los niños?

Pero, si eres madre, y dices que te vas con tu pareja de vacaciones y te dejas a los niños con tu madre, suegra o vecina del quinto, entonces la mayoría de las veces no pasa nada, máxima comprensión porque los pobrecitos papás lo necesitan, que yo no digo que no, pero ¿por qué no juzgamos a todos con el mismo rasero? De nuevo, juicios y presuposiciones. Y digo presuposiciones porque en el caso de una pareja con hijos que se marcha a un hotel sin niños se presupone inmediatamente que necesitan descansar, ahora como lo hagamos una pareja que no tiene hijos, entonces es que somos unos desalmados odia niños (aquí me sale un suspiro de hartazgo) y ni se contempla la posibilidad de que queramos igualmente descansar.

Asi que, quizás el problema no es el “sin niños” sino los que solemos ir: parejas o personas sin hijos. Ese sigue siendo el problema me temo.

Pero bueno, a mí me gustan estos hoteles y me imagino que a ti también, lo cual no quiere decir que si queremos visitar un lugar y no existen establecimientos asi no vayamos porque huyamos de los niños como de la peste, no, simplemente que, si los hay, los preferimos.

Mi intención es ir contándote los que vaya descubriendo, pero hoy empiezo contándote un poco más de este fenómeno, de las opiniones que hay y de las principales webs donde encontrarlos, ¿te parece? Pues sigue leyendo o dale al play.

Hoteles solo adultos, ¿cuál es el problema?

by Pilar Herráez (Pocholate, la Comunidad para Mujeres sin Hijos)

Antes de nada, quiero dejar muy claro que cuando hablo de “padres y madres” no me refiero a todos, sino a los que han empezado una especie de campaña “anti-hoteles solo adultos”. Lo digo porque no me gusta generalizar ni meter a todo el mundo en el mismo saco. No me gusta para nosotras, y tampoco me gusta para las mamás. Dicho esto, empezamos.

A pesar de que, a todos, como te contaba en la introducción, nos gusta descansar a veces (o siempre, que para gustos colores) sin los ruidos que provocan los niños, la legislación vigente no permite que hoteles u otros alojamientos similares prohíban el acceso a los menores, aunque autoriza a que se publiciten como lugares exclusivos para adultos. ¡Ay Dios…! Para mí que me prohíban entrar a un sitio o que ese sitio sea exclusivo para “x” es lo mismo, pero parece ser que ciertas palabras no pueden pronunciarse, en fin…

En este tema no hay término medio: por un lado, los que nos gusta disfrutar de la tranquilidad sin oír gritos ni sentir que si te metes en la piscina vas a tener que sortear todo tipo de brazos, pies, pelotas y objetos varios (y ojo, que aquí, no solo somos los que no tenemos hijos, porque yo misma este verano me he encontrado montones de parejas en el hotel en el que hemos estado, que viajaban solos para descansar de los niños)  y, por otro lado, las padres y madres que se quejan de las restricciones. Y esto, amiga mía, sí que no lo entiendo. Entendería que se quejasen si no se les dejase entrar en ningún hotel, pero, por favor, ¡si la inmensa mayoría de ellos son para familias! No deja de ser curioso, por no decir que me hace sospechar que la queja tiene más que ver con quejarse porque sí, que justo se quejen los que más opciones tienen, ¿no te parece?

¿Cuál es el problema?: si quieren ir a un hotel en el que los niños no pueden alojarse, ¿no será que de vez en cuando les gustaría disfrutar de estos alojamientos?, ¡pues háganlo, nadie les prohíbe la entrada!, ahora, no pretendan poder llevarse a sus pequeños porque entonces, ya serían hoteles familiares…, aunque quizás lo que quieren es que desaparezcan los “solo adultos”, en cuyo caso les preguntaría, ¿por qué?, ¿qué es lo que les molesta realmente? Es como si los que solemos ir a los hoteles de solo adultos nos quejásemos de que existan los hoteles familiares, ¿no?, pero yo no he oído a ninguna pareja, hombre o mujer sin hijos quejarse por esto, simplemente, no los usamos y punto y si los usamos, no nos quejamos de que haya niños.

En cualquier caso, la polémica está servida y hay quién habla de discriminación y comparan la restricción de estos a mayores de 18 años con la discriminación por raza o religión. Mira, soy una persona respetuosa, bastante tolerante y que no me gusta la confrontación, pero tengo que mojarme: hacer esta comparación me parece una auténtica locura. Es como si dijésemos que, porque a los adultos no se nos permite jugar en un parque de bolas, de esos en los que se celebran cumpleaños, nos están discriminando, ¿a quién se le ocurre eso?

De hecho, cuando se empezaron a conocer en España estos hoteles se comenzó a usar el hashtag #HotelesSinNiños en las redes y se armó buena. Hubo muchas opiniones a favor y en contra como puedes ver si pones ese hashtag en el buscador de Twitter.

En España es una oferta que tardó en cuajar precisamente por las críticas de las familias, de hecho, algunas cadenas como Hoteles Barceló, tuvieron que ver cómo muchos clientes se enfadaban y no entendían esta nueva apuesta, pero, curiosamente, como leí en un artículo, según Antonio Bauzá, subdirector de Marketing de la cadena, eran las parejas con niños las que más lo demandaban.

La oferta es pequeña aún, ya que, según datos de julio de este año, no llega a un 5% del total de establecimientos hoteleros, aunque está creciendo. En España, hasta hace unos años, estos hoteles se situaban sobre todo en las islas y en las costas, pero ya existen hasta en el interior, de hecho, estamos los terceros en el ranking de hoteles “Adults Only”, siendo Japón la “number one”, seguida de Brasil. Las localizaciones con más hoteles para adultos en España son Maspalomas (Gran Canaria) y Santa Eulalia (Ibiza).

Pero lejos de ser una moda que nació así de la nada, este tipo de alojamiento tiene su origen en los hoteles para luna de miel que surgieron en el Caribe en los años 70 y desde entonces solo han ido adaptándose a los nuevos tiempos y la nueva demanda, así que, no sé por qué tanta polémica. Nadie se quejó de disfrutar su luna de miel en ellos, ¿no?, ¿qué diferencia hay en querer disfrutar de un fin de semana o de unas vacaciones?

Sea como sea, la realidad es que siguen aumentando para alegría de unos cuantos, y cabreo de otros, y que cada vez son más los portales web que ofrecen este tipo de alojamiento. Para muestra, te dejo alguno de ellos, en los que podrás encontrar hoteles situados en España:

Pero la oferta para adultos no acaba en los hoteles, sino que ha llegado también al transporte. Por ejemplo, ya existen tres compañías aéreas asiáticas (Malaysa Airlines, Air Asia y Scoot) que ofertan asientos en las llamadas “quiet zones” en las que volar solo acompañados de adultos por un suplemento.

Los cruceros desde hace tiempo tienen habilitadas zonas exclusivamente para adultos, por ejemplo, de los Cruceros Disney, han reservado en algunos de sus barcos zonas de acceso exclusivo para adultos que quieran disfrutar de una mayor tranquilidad.

Otras compañías como Costa Cruceros, Norwegian Cruise Line o MSC Cruceros proponen travesías completas solo para adultos, así como espacios exclusivos sin niños en los buques tradicionales.

Y en cuanto al transporte en tren, en Reino Unido existen las llamadas “cabinas calma” eso sí, sólo para los pasajeros de clase ejecutiva que no quieren mezclarse con los más pequeños y en España tenemos a la compañía de ferrocarril Renfe que en 2014 habilitó el llamado “coche en silencio” en el AVE, un vagón con unas características muy especiales: una iluminación tenue, no tiene megafonía, no permite las llamadas telefónicas y no admite a menores de 14 años. Y el precio es igual que cualquier billete en clase turista.

En fin, que cada vez el concepto solo adultos va teniendo más oferta y no olvidemos que cuando la oferta aumenta es que hay una demanda que así lo pide.

Y esto es todo por hoy. Me encantará que me cuentes si has visitado alguno de estos establecimientos o has viajado en la zona solo adultos de alguna compañía aérea o ferroviaria y si lo has hecho, sería genial que lo compartieras. Yo por mi parte, iré escribiendo sobre algunos de ellos.

Un abrazo enorme y ¡hasta pronto!

Cómo enfrentarte a los juicios y responder a las preguntas indiscretas

“¿Qué pasa que no te gustan los niños?”, “se te va a pasar el arroz”, o cosas peores como “eres una egoísta” son frases que si eres una mujer sin hijos habrás escuchado tropecientos millones de veces.  Afrontar todas esas preguntas indiscretas, opiniones y juicios por no ser madre es bastante agotador, nos molesta e incluso a veces nos enfada. Pero es posible cambiar la manera en la que nos enfrentamos a ellas si tenemos herramientas para hacerlo, y evitar que la ira se apodere de nosotras. Si quieres saber cómo, sigue leyendono dale al play, lo que prefieras.

(Te aviso que el texto es largo, y el audio dura unos 13 minutos, pero quería explicarlo de una manera que resultara clara  y que no fuera esto en una de esas listas de trucos sin más) 

Cómo enfrentarte a los juicios y responder a las preguntas indiscretas

by Pilar Herráez (Pocholate, la Comunidad para Mujeres sin Hijos)

Si eres una mujer entre los 30 y los 40 años sin hijos es muy probable que en tu día a día haya preguntas sobre si vas a ser madre, por qué no quieres serlo, y opiniones varias sobre el tipo de persona que eres por no quererlos o incluso por no estar aún segura. Pero la cosa no para aquí, si como yo has pasado los 40, te seguirás enfrentando a preguntas sobre si tienes hijos y luego a comentarios varios sobre tu decisión (o no decisión) algunas más groseras que otras.

Me parece además muy triste y de una incoherencia total, que casi la mayoría de las veces estas vengan de mujeres, porque si todas estamos hoy en día tan concienciadas de nuestros derechos, uno de ellos, en mi opinión, es la libertad para ser quienes queramos ser y hacer lo que queramos hacer, y este pasa por la decisión de ser madre o no. además  de ser un derecho humano,

Podría parecer lógico en el caso de mujeres de más de 60 años que han vivido otra época, pero el problema es que también nos lo dicen mujeres jóvenes. En este caso quiero creer que se debe a una repetición de frases que están por ahí, como en el ambiente asociadas a algunos temas y que algunas personas repiten sin pensar. Quizás es que quiero ser optimista, no sé.

En cualquier caso, da igual, el caso es que nos molestan y a veces mucho. Sobre todo, cuando esas opiniones, preguntas indiscretas y juicios vienen de personas ajenas a nuestro círculo más cercano. Siempre es más sencillo responder a esos comentarios a tu madre, tu prima, una amiga o tu cuñada, que a la vecina del quinto con la que has intercambiado tres buenos días y dos holas, ¿o no? O cuando algún jefe o jefa, te pregunta en una reunión si tienes hijos y pretende seguir indagando en los por qué y en si piensas o no tenerlos. No sé a ti, pero a mí me ha pasado en uno de mis trabajos anteriores y la verdad es que me molestó muchísimo porque ni era el momento, si es que hay algún momento, ni la relación era para hacer este tipo de pregunta. ¿Y qué me dices cuando en una entrevista es de lo primero que te preguntan? Siempre molesta, pero encima hay veces que raya lo absurdo, como cuando tienes 23 años recién salida de la universidad y feliz por estar haciendo tu primera entrevista. ¡Estamos locos a qué! ¿se le pregunta esto alguna vez a un hombre?, ¿con qué finalidad nos lo preguntan?, ¿para no contratarme porque en algún momento tendré que dejar mi silla e irme a parir? …si, me enerva, la verdad.

Pero bueno, respiremos hondo y seamos todo lo positivas que podamos ser porque esto, amigas mías, no va a parar porque nosotras nos cabreemos más o menos, esto no depende al 100% de nuestras reacciones. Esto depende de la educación, así que, por favor, mamás y papás, si alguno me estáis escuchando, desde aquí y en nombre de todas os pido que convirtáis a vuestros hijos en personas más abiertas de mente, más tolerantes, y menos indiscretas.

No voy a entrar en el por qué nos afectan tanto las críticas en general, esto da para otro artículo.

Hoy me quiero centrar sólo en ofrecerte algunas maneras de enfrentarte a esas frases que a las mujeres sin hijos tanto nos molestan, de una manera más proactiva sin que eso signifique explotar y responder cualquier barbaridad que se nos ocurra

aunque no voy a ser yo la que te diga si tienes o no que responder con la misma mala educación que sientes te están preguntando, pero es cierto que, por muy a gusto que te puedas quedar en ese momento, no sirve de nada salvo para que encima te tachen de mal educada o antipática y es probable que después tú misma te arrepientas de no haber sido capaz de controlar la situación, ¿me equivoco?

Bueno, pues vamos allá con unas cuantas propuestas para abordar estas dichosas preguntas y opiniones. Ten en cuenta que no existen las fórmulas mágicas, ni en esto ni en nada en la vida, y que no todo vale para todo el mundo, porque somos personas diferentes. No me las he inventado yo, algunas las aprendí durante mi formación como coach y las recomendé a mujeres con las que trabajé, y todas las he probado yo misma y, según la situación me han servido y me siguen sirviendo.

En primer lugar, te digan lo que te digan, ten en cuenta que solo son opiniones, no verdades absolutas y que no dicen nada de ti, sino de la persona que te juzga. Sal a la calle con esta idea clarísima, como si fuera parte de lo que llevas puesto. Las opiniones hablan mucho de lo que esa persona cree, de su modo de ver la vida, de su poca capacidad de empatía o de su mentalidad estrecha o anticuada. Nada más. Empezamos con algunas situaciones y mi propuesta:

  • Cuando te pregunten ¿tienes hijos? Prueba simplemente a responder con un “no”, no des más explicaciones porque ahí das pie a que siga el interrogatorio y te vas a meter en un jardín del que saldrás enfadada. Y si las das, cosa que no te recomiendo en absoluto, mejor que las des en la primera respuesta, que, dependiendo de tu caso en particular, podría ser “no tengo hijos y no voy a tenerlos porque prefiero centrarme en otras áreas de mi vida/ no siento instinto maternal” o tu razón sea esta cual sea. Así ya habrás saciado su curiosidad de una vez nada más empezar. En la mayoría de los casos esto basta para que la otra persona entienda que lo tienes muy claro, y parará. Pero, amiga mía, las hay que siguen, y en este momento será cuando te soltarán su opinión al respecto del tipo “pero mujer, ¿y entonces a quién vas a tener cuando seas mayor?” o cualquier otra frase. Si, no seamos ingenuas creyendo que todas las personas se van a cortar, tenemos que estar preparadas.
  • Si la persona continúa, prueba a frivolizar y desviar el tema. Por ejemplo, siguiendo con lo anterior, cuando la persona ha lanzado su “pero mujer, ¿y entonces a quién vas a tener cuando seas mayor?”, puedes responder “uy yo voy a ser una viejecita muy marchosa con muchas personas a mi alrededor, por cierto, ¿de qué estábamos hablando antes de que me preguntaras esto de los niños?”. En esta segunda parte, puedes hacer referencia a cualquier cosa que estuviera sucediendo antes justo del momento en el que empezó el interrogatorio o simplemente, si ya no tienes que seguir con esa persona o no quieres y puedes permitirte marcharte, porque habrá veces que no puedas, podrías zanjar el tema con un “bueno, ya nos veremos” o “bueno, encantada de conocerte” y punto. Esto de frivolizar y desviar el tema, también lo puede probar justo después de la primera pregunta de si tienes hijos
  • Otra cosa que he probado es preguntar yo a esa persona utilizando la información que me da. Para seguir con el mismo ejemplo, en cuanto te dice “pero mujer, ¿y entonces a quién vas a tener cuando seas mayor?”, podrías probar a preguntarle si ella (o él, porque haberlos haylos) ha tenido hijos o piensa tenerlos por ese motivo. Aquí, normalmente se excusan con cosas como “no mujer, los he tenido porque quería, pero entiéndeme…” y entonces ahí puedes pararla con un “Ah, vale, o sea que tú los has tenido por otros motivos. ¡Qué susto!, al decirme que si no los tengo estaré sola, ya pensé que tú los habías tenido por eso” ¿Cómo crees que se queda?
  • Después de esa primera pregunta de indagación sobre nuestra maternidad, hay veces que viene otra pregunta que ya en sí misma lleva un juicio sobre ti, por ejemplo, la archiconocida pregunta de “¿qué pasa, es que no te gustan los niños?”. Aquí yo he tenido que respirar fuerte muchas veces, e incluso he notado como mi gesto cambiaba (sí, que le vamos a hacer, a veces mi cara dice lo que no quiero decir con palabras, y en ocasiones esto me ayuda, pero en otras no). Aquí me funciona muy bien enfrentarle a su propia pregunta. Porque muchas veces, preguntamos de manera automática (¿recuerdas lo que te decía antes de esas preguntas que están como en el aire y que repetimos sin pensar?, pues eso) y de esta manera la persona escucha realmente lo que ha dicho. Para responder a la pregunta que te comentaba, puedes decirles algo así como “¿qué te hace pensar que el no tener hijos quiere decir que no me gustan los niños?”. Es probable que empiece a excusarse, y que la conversación pare, pero también es posible que no, ya que puedes estar frente a alguien que siempre quiere quedar por encima, como el aceite. Vale, tranquila, tú tienes herramientas. Se trata de que cada vez que esa persona te sentencie con algo, tú se la devuelvas de nuevo en forma de pregunta. Te pongo un ejemplo de cómo podría ir esta conversación:
    • Tú: “¿qué te hace pensar que el no tener hijos quiere decir que no me gustan los niños?”.
    • La otra persona: “Pues que si te gustaran querrías tenerlos”.
    • Tú: “Ah, ¿o sea que para ti el único factor necesario para querer ser madre es que te gusten los niños?” (y recalca lo de “único” porque es el motivo en el que esa persona se está centrando, el motivo que ha utilizado para criticar tu decisión).
    • La otra persona: “No mujer, el único motivo no, pero es importante”
    • Tú: “Si claro, si no te gustaran no tendría mucho sentido tenerlos, ¿cierto? Por supuesto que es importante, pero como no es el único, yo he sopesado muchos otros”

Y si no quieres seguir, simplemente cierra como he comentado antes, cambiando de tema. Otra manera, muy tajante eso sí, es responder “no, no me gustan” pero claro, eso depende de si la persona que tienes delante te importa o no. Yo alguna vez he respondido esto, aunque no sea cierto, simplemente para que me dejaran en paz. Funciona, sí, pero estoy mintiendo y dando una imagen mía que no es real, por eso solo lo he hecho en contadas ocasiones cuando ya no podía más y la persona que me juzgaba con esta pregunta tan absurda me importaba un pepino. Así de claro.

  • Si la crítica es de las que van a saco a catalogarte como persona, del tipo “pues eres una egoísta” aquí, amiga mía, te recomiendo de nuevo respirar muy hondo y tratar por todos los medios de no dejarte llevar por la ira que ahora mismo te está subiendo por las entrañas. No siempre es fácil, lo sé, pero se trata de práctica. Aquí de nuevo voy a compartir dos trucos que aprendí y me han funcionado. Vale, has respirado, has conseguido no saltar de cualquier manera, siguiente paso, podrías probar con un “¿Te sientes mejor diciéndome eso?”. No estás siendo grosera, y con esta pregunta, le devuelves la responsabilidad al otro, le haces que preste atención a lo que ha dicho. Otras opciones en casos así pueden ser pedirle que reformule la pregunta, por ejemplo: “define qué significa ser egoísta para ti” o que utilices la verificación “imagino que tu comentario de que soy una egoísta se refiere a que no compartes mi forma de ver la vida / llevar este tema / mi decisión” O  que se dé cuenta de que en realidad, está hablando de ella misma “cuando me dices que soy egoísta imagino que me estás dando tu opinión sobre cómo te sentirías tú si no fueras madre, ¿no?”. Cuando utilizas estas estrategias, es muy difícil, a no ser que la persona busque pelea, que sigan preguntándote.

Estoy segura de que, a ti, como a mí, te han soltado muchas más frasecitas más o menos groseras, pero esto se extendería aún más de lo que ya lo ha hecho y no quiero cansarte, sino ayudarte. Y, además, creo que ya has pillado la idea y que con estos ejemplos tú ya sabrás cómo adaptar tu respuesta dependiendo de lo que te digan, la situación y tu estado anímico. Si no, siempre puedes preguntarme y lo vemos juntas, si quieres, yo encantada si puedo ayudarte.

Deseo de corazón que te hayan resultado útiles, tanto como para que las pongas en práctica, y te invito a que pruebes una o varias de las formas que comparto y te quedes con la que más cómoda te sientas y la que mejor resultados te dé. Y por supuesto, recuerda que para que te salgan de forma automática solo existe una manera: que practiques.

¿Se te ocurren algunas maneras más?, ¿tienes alguna táctica personal que te funcione? Estaría genial que lo compartieras, si te apetece, porque ya sabes que esto es un espacio para compartir maneras de vivir la no maternidad, de llevar mejor todos los juicios que hay alrededor del tema y de apoyarnos unas a otras. También te invito a que comentes qué te han parecido las propuestas y, me encantaría que me dijeses como te ha ido cuando pongas alguna en práctica. Puedes hacerlo aquí en los comentarios o en mis redes, que, por cierto, si aún no me sigues, es un buen momento para hacerlo.

¡Hasta pronto, un abrazo!

Foto de Gabriel Matula para Unsplash

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