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Convivir con los hijos de tu pareja

Hoy te traigo un audiopost diferente porque, aunque lo he escrito yo, sale de la conversación y las confesiones que me hizo Isabel, una mujer sin hijos que convive desde hace años con un hombre que sí los tiene.

Isabel contactó conmigo para proponerme que hablara de este tema en el blog ya que para ella ha sido y sigue siendo todo un aprendizaje y considera que las mujeres en esta situación están bastante solas y estereotipadas. A mí me pareció un tema muy interesante del que no se habla mucho, o mejor dicho prácticamente nada y cuando se hace se habla de “madrastras” con toda la connotación de la mala de la película que tanto ha subrayado el cine. Ya sabes, esa mujer que ha venido a usurpar el lugar de mamá, incluso a veces la que los maltrata y, todos tenemos en mente películas en las que al final los padres vuelven a juntarse. Con todo este escenario no es raro que estas mujeres se sientan muy solas e incomprendidas. Así que por supuesto le dije que sí y ella enseguida se ofreció para contarme su experiencia. Así que, si estás en su misma situación o simplemente te interesa el tema, sigue leyendo o dale al play.

Cómo convivir con los hijos de tu pareja

by Pilar Herráez (Pocholate, la Comunidad para Mujeres sin Hijos)

La verdad es que siempre pensé que no tener hijos y convivir con una pareja que, si los tiene, no debe ser tarea fácil. De hecho, siempre tuve muy claro que eso no era para mí. Creo que, de haber conocido a un hombre con hijos, habría huido como Julia Roberts en “Novia a la fuga” antes de enamorarme.  Y es que, si educar ya es difícil, educar a unos niños que, de entrada, te verán como una extraña, debe ser una tarea titánica. De hecho, según me comenta Isabel, “tú no educas, tu pareja lo hace junto a su madre y tú debes mantenerte en un segundo plano y respetar las decisiones que ambos como padres tomen”. Lógicamente si pones unas ciertas normas de convivencia, porque, al fin y al cabo, conviven contigo, pero nada más. Este apartarse, este callarse, en cierto modo te aísla y para Isabel hay que trabajarse mucho este silencio para que no te dañe. Requiere soltar el control y requiere honestidad y es un gran aprendizaje. De hecho, Isabel me comentó que le ha ayudado a conocerse mejor, a ser más tolerante, más abierta, más tranquila, a gestionar las emociones en lugar de tragarlas y a aceptar. Ahí es nada.

¿Te imaginas vivir todo esto? Por eso ella cree que es importante hablar con otras mujeres que estén en tu misma situación, tarea nada fácil porque, hasta donde yo sé, no existe ninguna asociación, ni punto de encuentro, aunque aquí tiene esta comunidad en la que sea cual sea tu circunstancia como mujer sin hijos, puedes sentirte a salvo para compartir y expresarte sin miedo a ser juzgada.

A Isabel le hubiera gustado tener más información, haber hablado con otras mujeres que lo estuvieran viviendo y tener claras unas cuantas cosas, pero no es un tema del que se hable mucho. Así que ella, después de reflexionar sobre su experiencia y con la sabiduría que te da el tiempo, considera que existen tres pilares fundamentales a tener en cuenta cuando vas a meterte en una situación como esta:

1. Tu relación con los niños. Debes tener muy claro que no son los hijos que no tuviste, por lo tanto, tampoco son los sobrinos de tus hermanos ni los nietos de tus padres. Y esto, para ella es clave, porque sufrió mucho cuando los niños de su pareja no entendían porqué tenían que ir a ver a su familia, cosa que después entendió. Y lo entendió porque se dio cuenta de que ese concepto tan en boga de las familias “diversas” en este caso en concreto, más que ayudar, perjudica. Perjudica en el sentido de que puede crearte la expectativa de que tienes una familia, y no es así. Tienes una pareja que tiene una familia. Tu pareja tiene su familia, en la que están los niños, los niños tienen su familia (padres, abuelos, tíos) pero tú no eres su familia. Tú eres una adulta que convives con ellos. Isabel me dijo que entenderlo así le dio tranquilidad.

Por supuesto, no hacer el papel de madre, cosa que reconoce no es fácil porque convives con ellos y haces cosas que haría una madre: lavarles la ropa, prepararles la comida, ayudarles con los deberes…ella cree que esto les hizo mucho daño tanto a ella como a los niños, y vio que la mejor opción era dejar estas tareas para el padre, siempre que fuera posible.

Y, relacionado con el tema de tener claro que los niños no son tu familia, también considera importante gestionar las expectativas respecto al vínculo que puede generarse. Me comentó que al principio quería crear ese vínculo, pero que se dio cuenta de que eso no era posible, al menos no un vínculo fuerte. De hecho, está muy segura de que la relación con los niños dura solo hasta que dura la relación con la pareja y esto lo ha visto en amigas que han convivido con niños desde muy pequeños, niños que habían perdido a sus madres, y aún así, al separarse de su pareja, la relación con ellos finalizó. Así que, aunque reconoce que los quiere, no se pelea ya por crear ningún vínculo.

2. Tu relación con tu pareja. Isabel cree que hay que prepararse muy bien desde el principio y sentar las bases con la pareja de cómo se va a funcionar en el día a día, qué cosas va a hacer cada uno, qué espera de ti, cuál crees que va a ser tu papel y cómo va a ser la vida diaria. Y en este sentido considera muy importante cómo se le va a llamar. A Isabel su pareja la presentó como la novia de papá y, ella ahora se pregunta ¿qué es ser la novia de papá?, porque claro, al principio esto era muy guay, salían todos juntos y se lo pasaban bien, pero cuando la “novia de papá” deja de venir a veces para instalarse en casa, la cosa cambia. Para ella es importante esto porque te posiciona de una manera u otra frente a los niños.

Por otro lado, el tema de dónde vivir, también es un tema que Isabel considera importante ya que, si lo haces cerca de los niños, y por tanto de su madre, puede generar conflicto con la pareja, pero si lo haces lejos, puede ser un trastorno para los niños que lo utilizarán como excusa para no querer irse con el padre, o para ir a regañadientes, sobre todo a ciertas edades en las que necesitan estar cerca de sus amigos y su entorno.

Y, por último, cree que hay que tener claro que para tu pareja la prioridad son sus hijos, no eres tú. Esto debe ser difícil de asumir, aunque, creo que en el caso de las parejas con hijos ocurre un poco lo mismo en la mayoría de los casos, sólo que, al contrario: los hijos se convierten en una prioridad para las madres dejando, muchas veces, a sus parejas en segundo plano. Y no es que lo diga yo, es que lo he visto a mi alrededor, en amigos y conocidos y en mujeres que he acompañado. Pero bueno, volviendo al tema esto significa que él les educa y que, como decía Isabel, lo mejor es que te mantengas en un segundo plano.

3. Tu vida personal. Para Isabel este es un punto muy importante para no perder tu centro, tu tranquilidad. Es importante darles prioridad a tus valores, a tus actividades, a tu vida en definitiva y quedarte, con respecto a la relación del padre y los niños, en el papel de observadora, papel, que para Isabel tiene un gran valor porque al no involucrarte, al no ser su madre, puedes ver desde fuera las cosas mucho mejor y, si te preguntan, puedes aportar ideas y puntos de vista nuevos y no sesgados.

Otro punto importante aquí es no dejarse manipular con frases como “pobrecitos, es que tienen dos casas” o “pobrecitos, es que están siempre de un lado para otro”. Sea o no cierto, lo cierto es que tú estás en medio y tú no tienes la culpa de lo que les ha pasado. Ella recalca que no puedes cambiar tu actitud por esto.

Al final de la conversación ella reconoce que a pesar de que cuando mira hacia atrás ve momentos bonitos, si lo hubiera pensado antes, no lo habría elegido. También reconoce que te acaban importando más de lo que te crees y por lo tanto cuanto mejor te prepares antes, mucho mejor.

A mí me parece una elección de vida muy valiente y que te puede hacer crecer mucho como persona, siempre que la elijas sabiendo a lo que te enfrentas o que, como Isabel, tengas la honestidad de ir descubriendo cómo hacer que todo sea más fácil una vez que ya estás dentro. Pero, también creo que no todas estamos dispuestas a ello y que no pasa nada si no puedes. Ni eres mala persona, ni eres egoísta, recuérdalo por favor.

Y nada más, espero que el testimonio de Isabel te haya servido al menos para saber que no estás sola. Y si te ha dado claves o te ha inspirado, yo encantada de haberlo escrito. Como siempre, me encantará conocer tu opinión aquí en los comentarios, en Instagram o a mi correo electrónico, donde prefieras. Siempre contesto.

Un abrazo y ¡hasta la próxima!

Foto de Annie Spratt para Unsplash

El supuesto “instinto maternal”

Estoy segura de que más de una vez has tenido que escuchar lo del dichoso “instinto maternal”. Muchas personas dan por hecho que existe, que todas las mujeres lo tenemos, y claro, a veces al decir que no tienes “eso” las miradas, como mínimo son de asombro.

Pero hoy te quiero contar que no está demostrado que exista, y que lo que algunas llaman “instinto materno” cuando hablan de una especie de llamada a ser madre, realmente no lo es, sino que es el deseo de serlo, y esto no es lo mismo. Sigue leyendo o dale al play.

El supuesto "instinto maternal"

by Pilar Herráez (Pocholate, la Comunidad para Mujeres sin Hijos)

Para empezar, deberíamos plantearnos qué es un instinto. Para la Biología en concreto, un instinto es aquello que nos permite la supervivencia, y, en consecuencia, la evolución de la especie, pero también nos dice, que no es una regla. Aquí ya tenemos una duda razonable. Además, como dice Orna Donath, socióloga israelí conocida por su libro “Madres arrepentidas” “En la Historia ha habido culturas en las que era corriente que las madres abandonasen a sus hijos, los ofrecieran como sacrificio para los dioses o que incluso matasen a sus recién nacidos. Si existiese el instinto, esto no sería posible”. Así que incluso si alguien piensa que es algo que traíamos de serie pero que se ha perdido a lo largo de la evolución, parece que tampoco es 100% cierto, ¿no crees?

Y es que, como dice Sofía Argüello Pazmiño, socióloga de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso)

“Las mujeres tenemos una capacidad reproductiva biológica, pero eso no significa que sea un indicativo para asegurar la existencia de un instinto materno”.

Para mí, seguir hablando de instinto materno, aun cuando la ciencia no lo ha podido demostrar, es mantener una de las creencias que apoyan una visión muy estrecha acerca de la mujer o, como dice Stefanía Molina, autora del estudio “El mito del instinto maternal y su relación con el control social de las mujeres”, el sostenimiento del mito “niega a las mujeres la posibilidad de generar una identidad fuera de la función materna”. Vamos, que sería una forma más de mantenernos en las mismas creencias y suposiciones de las que tanto hablamos y queremos cambiar.

Como te decía, la ciencia no lo ha demostrado y hay distintas opiniones, para todos los gustos, claro. Para unos el comportamiento maternal es parte del equipamiento genético y nos predispone a las mujeres a ser “buenas madres” por consanguinidad. Quién defiende esto, apunta a que las mujeres, desde muy temprana edad demostramos interés por imitar los roles propios de nuestro género (esta frase parece de principios de siglo), ser tiernas y delicadas, además de tener activado un “reloj biológico” que promueve nuestro interés por nuestra capacidad reproductiva. Como verás, esta opinión, parece sacada de las típicas enciclopedias que nuestras madres o abuelas eran obligadas a leer. Pero no parece una teoría muy científica, ¿verdad? Porque ese comportamiento que imita roles es fruto de algo aprendido, no algo que traemos ya en los genes. De hecho, la psicóloga Rosario Domínguez, integrante de la Unidad de Medicina Reproductiva de Clínica Las Condes, en Chile, explicó que los estudios científicos realizados durante los últimos años coinciden en observar queel deseo de una mujer de tener un hijo y cuidarlo no responde a un instinto, sino que surge de motivaciones complejas que se relacionan con aprendizajes y experiencias de vida, y que es influido por el contexto de vida presente y la cultura”

Es decir, que ese “instinto” que algunos llaman al hecho de ver cómo algunas niñas juegan a las mamás con sus muñecas, no es más que una imitación de lo que ven. Yo misma jugué muchísimo con muñecas, a las que llevaba a todas partes y me ocupaba de ellas como una mami, y siempre, curiosamente, jugaba a que tenía 4 hijos, digo curiosamente porque mi madre tiene 4 hijos, pero nunca tuve claro que quisiera ser madre, de hecho, nunca sentí ese “instinto” y te aseguro que soy tan normal o no como cualquiera.

En mi opinión, no es lo mismo hablar de ese instinto, que recalco, no está demostrado y que muchas no hemos sentido nunca, que desear o querer ser madre. Aquí podríamos hablar largo y tendido, porque los deseos dependen de muchos factores, muchos de ellos aprendidos y desde luego, no tienen que ver con la biología, sino con nuestra psicología.

Pero ya me iría de tema y te aburriría, así que, si quieres que hablemos de deseos, házmelo saber dejándome un comentario aquí abajo, o en Instagram, Facebook o envíame un correo electrónico, ¿sI?

Y si me dices qué te ha parecido el artículo, si te ha aclarado algo, si te ha servido, qué opinas de él, estaré encantada de leerte, ya sabes que esto es por y para ti.

¡Hasta pronto preciosura!

Foto de Caroline Hernández para Unsplash

Cómo enfrentarte a los juicios y responder a las preguntas indiscretas

“¿Qué pasa que no te gustan los niños?”, “se te va a pasar el arroz”, o cosas peores como “eres una egoísta” son frases que si eres una mujer sin hijos habrás escuchado tropecientos millones de veces.  Afrontar todas esas preguntas indiscretas, opiniones y juicios por no ser madre es bastante agotador, nos molesta e incluso a veces nos enfada. Pero es posible cambiar la manera en la que nos enfrentamos a ellas si tenemos herramientas para hacerlo, y evitar que la ira se apodere de nosotras. Si quieres saber cómo, sigue leyendono dale al play, lo que prefieras.

(Te aviso que el texto es largo, y el audio dura unos 13 minutos, pero quería explicarlo de una manera que resultara clara  y que no fuera esto en una de esas listas de trucos sin más) 

Cómo enfrentarte a los juicios y responder a las preguntas indiscretas

by Pilar Herráez (Pocholate, la Comunidad para Mujeres sin Hijos)

Si eres una mujer entre los 30 y los 40 años sin hijos es muy probable que en tu día a día haya preguntas sobre si vas a ser madre, por qué no quieres serlo, y opiniones varias sobre el tipo de persona que eres por no quererlos o incluso por no estar aún segura. Pero la cosa no para aquí, si como yo has pasado los 40, te seguirás enfrentando a preguntas sobre si tienes hijos y luego a comentarios varios sobre tu decisión (o no decisión) algunas más groseras que otras.

Me parece además muy triste y de una incoherencia total, que casi la mayoría de las veces estas vengan de mujeres, porque si todas estamos hoy en día tan concienciadas de nuestros derechos, uno de ellos, en mi opinión, es la libertad para ser quienes queramos ser y hacer lo que queramos hacer, y este pasa por la decisión de ser madre o no. además  de ser un derecho humano,

Podría parecer lógico en el caso de mujeres de más de 60 años que han vivido otra época, pero el problema es que también nos lo dicen mujeres jóvenes. En este caso quiero creer que se debe a una repetición de frases que están por ahí, como en el ambiente asociadas a algunos temas y que algunas personas repiten sin pensar. Quizás es que quiero ser optimista, no sé.

En cualquier caso, da igual, el caso es que nos molestan y a veces mucho. Sobre todo, cuando esas opiniones, preguntas indiscretas y juicios vienen de personas ajenas a nuestro círculo más cercano. Siempre es más sencillo responder a esos comentarios a tu madre, tu prima, una amiga o tu cuñada, que a la vecina del quinto con la que has intercambiado tres buenos días y dos holas, ¿o no? O cuando algún jefe o jefa, te pregunta en una reunión si tienes hijos y pretende seguir indagando en los por qué y en si piensas o no tenerlos. No sé a ti, pero a mí me ha pasado en uno de mis trabajos anteriores y la verdad es que me molestó muchísimo porque ni era el momento, si es que hay algún momento, ni la relación era para hacer este tipo de pregunta. ¿Y qué me dices cuando en una entrevista es de lo primero que te preguntan? Siempre molesta, pero encima hay veces que raya lo absurdo, como cuando tienes 23 años recién salida de la universidad y feliz por estar haciendo tu primera entrevista. ¡Estamos locos a qué! ¿se le pregunta esto alguna vez a un hombre?, ¿con qué finalidad nos lo preguntan?, ¿para no contratarme porque en algún momento tendré que dejar mi silla e irme a parir? …si, me enerva, la verdad.

Pero bueno, respiremos hondo y seamos todo lo positivas que podamos ser porque esto, amigas mías, no va a parar porque nosotras nos cabreemos más o menos, esto no depende al 100% de nuestras reacciones. Esto depende de la educación, así que, por favor, mamás y papás, si alguno me estáis escuchando, desde aquí y en nombre de todas os pido que convirtáis a vuestros hijos en personas más abiertas de mente, más tolerantes, y menos indiscretas.

No voy a entrar en el por qué nos afectan tanto las críticas en general, esto da para otro artículo.

Hoy me quiero centrar sólo en ofrecerte algunas maneras de enfrentarte a esas frases que a las mujeres sin hijos tanto nos molestan, de una manera más proactiva sin que eso signifique explotar y responder cualquier barbaridad que se nos ocurra

aunque no voy a ser yo la que te diga si tienes o no que responder con la misma mala educación que sientes te están preguntando, pero es cierto que, por muy a gusto que te puedas quedar en ese momento, no sirve de nada salvo para que encima te tachen de mal educada o antipática y es probable que después tú misma te arrepientas de no haber sido capaz de controlar la situación, ¿me equivoco?

Bueno, pues vamos allá con unas cuantas propuestas para abordar estas dichosas preguntas y opiniones. Ten en cuenta que no existen las fórmulas mágicas, ni en esto ni en nada en la vida, y que no todo vale para todo el mundo, porque somos personas diferentes. No me las he inventado yo, algunas las aprendí durante mi formación como coach y las recomendé a mujeres con las que trabajé, y todas las he probado yo misma y, según la situación me han servido y me siguen sirviendo.

En primer lugar, te digan lo que te digan, ten en cuenta que solo son opiniones, no verdades absolutas y que no dicen nada de ti, sino de la persona que te juzga. Sal a la calle con esta idea clarísima, como si fuera parte de lo que llevas puesto. Las opiniones hablan mucho de lo que esa persona cree, de su modo de ver la vida, de su poca capacidad de empatía o de su mentalidad estrecha o anticuada. Nada más. Empezamos con algunas situaciones y mi propuesta:

  • Cuando te pregunten ¿tienes hijos? Prueba simplemente a responder con un “no”, no des más explicaciones porque ahí das pie a que siga el interrogatorio y te vas a meter en un jardín del que saldrás enfadada. Y si las das, cosa que no te recomiendo en absoluto, mejor que las des en la primera respuesta, que, dependiendo de tu caso en particular, podría ser “no tengo hijos y no voy a tenerlos porque prefiero centrarme en otras áreas de mi vida/ no siento instinto maternal” o tu razón sea esta cual sea. Así ya habrás saciado su curiosidad de una vez nada más empezar. En la mayoría de los casos esto basta para que la otra persona entienda que lo tienes muy claro, y parará. Pero, amiga mía, las hay que siguen, y en este momento será cuando te soltarán su opinión al respecto del tipo “pero mujer, ¿y entonces a quién vas a tener cuando seas mayor?” o cualquier otra frase. Si, no seamos ingenuas creyendo que todas las personas se van a cortar, tenemos que estar preparadas.
  • Si la persona continúa, prueba a frivolizar y desviar el tema. Por ejemplo, siguiendo con lo anterior, cuando la persona ha lanzado su “pero mujer, ¿y entonces a quién vas a tener cuando seas mayor?”, puedes responder “uy yo voy a ser una viejecita muy marchosa con muchas personas a mi alrededor, por cierto, ¿de qué estábamos hablando antes de que me preguntaras esto de los niños?”. En esta segunda parte, puedes hacer referencia a cualquier cosa que estuviera sucediendo antes justo del momento en el que empezó el interrogatorio o simplemente, si ya no tienes que seguir con esa persona o no quieres y puedes permitirte marcharte, porque habrá veces que no puedas, podrías zanjar el tema con un “bueno, ya nos veremos” o “bueno, encantada de conocerte” y punto. Esto de frivolizar y desviar el tema, también lo puede probar justo después de la primera pregunta de si tienes hijos
  • Otra cosa que he probado es preguntar yo a esa persona utilizando la información que me da. Para seguir con el mismo ejemplo, en cuanto te dice “pero mujer, ¿y entonces a quién vas a tener cuando seas mayor?”, podrías probar a preguntarle si ella (o él, porque haberlos haylos) ha tenido hijos o piensa tenerlos por ese motivo. Aquí, normalmente se excusan con cosas como “no mujer, los he tenido porque quería, pero entiéndeme…” y entonces ahí puedes pararla con un “Ah, vale, o sea que tú los has tenido por otros motivos. ¡Qué susto!, al decirme que si no los tengo estaré sola, ya pensé que tú los habías tenido por eso” ¿Cómo crees que se queda?
  • Después de esa primera pregunta de indagación sobre nuestra maternidad, hay veces que viene otra pregunta que ya en sí misma lleva un juicio sobre ti, por ejemplo, la archiconocida pregunta de “¿qué pasa, es que no te gustan los niños?”. Aquí yo he tenido que respirar fuerte muchas veces, e incluso he notado como mi gesto cambiaba (sí, que le vamos a hacer, a veces mi cara dice lo que no quiero decir con palabras, y en ocasiones esto me ayuda, pero en otras no). Aquí me funciona muy bien enfrentarle a su propia pregunta. Porque muchas veces, preguntamos de manera automática (¿recuerdas lo que te decía antes de esas preguntas que están como en el aire y que repetimos sin pensar?, pues eso) y de esta manera la persona escucha realmente lo que ha dicho. Para responder a la pregunta que te comentaba, puedes decirles algo así como “¿qué te hace pensar que el no tener hijos quiere decir que no me gustan los niños?”. Es probable que empiece a excusarse, y que la conversación pare, pero también es posible que no, ya que puedes estar frente a alguien que siempre quiere quedar por encima, como el aceite. Vale, tranquila, tú tienes herramientas. Se trata de que cada vez que esa persona te sentencie con algo, tú se la devuelvas de nuevo en forma de pregunta. Te pongo un ejemplo de cómo podría ir esta conversación:
    • Tú: “¿qué te hace pensar que el no tener hijos quiere decir que no me gustan los niños?”.
    • La otra persona: “Pues que si te gustaran querrías tenerlos”.
    • Tú: “Ah, ¿o sea que para ti el único factor necesario para querer ser madre es que te gusten los niños?” (y recalca lo de “único” porque es el motivo en el que esa persona se está centrando, el motivo que ha utilizado para criticar tu decisión).
    • La otra persona: “No mujer, el único motivo no, pero es importante”
    • Tú: “Si claro, si no te gustaran no tendría mucho sentido tenerlos, ¿cierto? Por supuesto que es importante, pero como no es el único, yo he sopesado muchos otros”

Y si no quieres seguir, simplemente cierra como he comentado antes, cambiando de tema. Otra manera, muy tajante eso sí, es responder “no, no me gustan” pero claro, eso depende de si la persona que tienes delante te importa o no. Yo alguna vez he respondido esto, aunque no sea cierto, simplemente para que me dejaran en paz. Funciona, sí, pero estoy mintiendo y dando una imagen mía que no es real, por eso solo lo he hecho en contadas ocasiones cuando ya no podía más y la persona que me juzgaba con esta pregunta tan absurda me importaba un pepino. Así de claro.

  • Si la crítica es de las que van a saco a catalogarte como persona, del tipo “pues eres una egoísta” aquí, amiga mía, te recomiendo de nuevo respirar muy hondo y tratar por todos los medios de no dejarte llevar por la ira que ahora mismo te está subiendo por las entrañas. No siempre es fácil, lo sé, pero se trata de práctica. Aquí de nuevo voy a compartir dos trucos que aprendí y me han funcionado. Vale, has respirado, has conseguido no saltar de cualquier manera, siguiente paso, podrías probar con un “¿Te sientes mejor diciéndome eso?”. No estás siendo grosera, y con esta pregunta, le devuelves la responsabilidad al otro, le haces que preste atención a lo que ha dicho. Otras opciones en casos así pueden ser pedirle que reformule la pregunta, por ejemplo: “define qué significa ser egoísta para ti” o que utilices la verificación “imagino que tu comentario de que soy una egoísta se refiere a que no compartes mi forma de ver la vida / llevar este tema / mi decisión” O  que se dé cuenta de que en realidad, está hablando de ella misma “cuando me dices que soy egoísta imagino que me estás dando tu opinión sobre cómo te sentirías tú si no fueras madre, ¿no?”. Cuando utilizas estas estrategias, es muy difícil, a no ser que la persona busque pelea, que sigan preguntándote.

Estoy segura de que, a ti, como a mí, te han soltado muchas más frasecitas más o menos groseras, pero esto se extendería aún más de lo que ya lo ha hecho y no quiero cansarte, sino ayudarte. Y, además, creo que ya has pillado la idea y que con estos ejemplos tú ya sabrás cómo adaptar tu respuesta dependiendo de lo que te digan, la situación y tu estado anímico. Si no, siempre puedes preguntarme y lo vemos juntas, si quieres, yo encantada si puedo ayudarte.

Deseo de corazón que te hayan resultado útiles, tanto como para que las pongas en práctica, y te invito a que pruebes una o varias de las formas que comparto y te quedes con la que más cómoda te sientas y la que mejor resultados te dé. Y por supuesto, recuerda que para que te salgan de forma automática solo existe una manera: que practiques.

¿Se te ocurren algunas maneras más?, ¿tienes alguna táctica personal que te funcione? Estaría genial que lo compartieras, si te apetece, porque ya sabes que esto es un espacio para compartir maneras de vivir la no maternidad, de llevar mejor todos los juicios que hay alrededor del tema y de apoyarnos unas a otras. También te invito a que comentes qué te han parecido las propuestas y, me encantaría que me dijeses como te ha ido cuando pongas alguna en práctica. Puedes hacerlo aquí en los comentarios o en mis redes, que, por cierto, si aún no me sigues, es un buen momento para hacerlo.

¡Hasta pronto, un abrazo!

Foto de Gabriel Matula para Unsplash

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