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Convivir con los hijos de tu pareja

por | Mar 25, 2019 | Tu mundo interior | 0 Comentarios

Hoy te traigo un audiopost diferente porque, aunque lo he escrito yo, sale de la conversación y las confesiones que me hizo Isabel, una mujer sin hijos que convive desde hace años con un hombre que sí los tiene.

Isabel contactó conmigo para proponerme que hablara de este tema en el blog ya que para ella ha sido y sigue siendo todo un aprendizaje y considera que las mujeres en esta situación están bastante solas y estereotipadas. A mí me pareció un tema muy interesante del que no se habla mucho, o mejor dicho prácticamente nada y cuando se hace se habla de “madrastras” con toda la connotación de la mala de la película que tanto ha subrayado el cine. Ya sabes, esa mujer que ha venido a usurpar el lugar de mamá, incluso a veces la que los maltrata y, todos tenemos en mente películas en las que al final los padres vuelven a juntarse. Con todo este escenario no es raro que estas mujeres se sientan muy solas e incomprendidas. Así que por supuesto le dije que sí y ella enseguida se ofreció para contarme su experiencia. Así que, si estás en su misma situación o simplemente te interesa el tema, sigue leyendo o dale al play.

Cómo convivir con los hijos de tu pareja

por Pilar Herráez (Pocholate, la Comunidad para Mujeres sin Hijos)

La verdad es que siempre pensé que no tener hijos y convivir con una pareja que, si los tiene, no debe ser tarea fácil. De hecho, siempre tuve muy claro que eso no era para mí. Creo que, de haber conocido a un hombre con hijos, habría huido como Julia Roberts en “Novia a la fuga” antes de enamorarme.  Y es que, si educar ya es difícil, educar a unos niños que, de entrada, te verán como una extraña, debe ser una tarea titánica. De hecho, según me comenta Isabel, “tú no educas, tu pareja lo hace junto a su madre y tú debes mantenerte en un segundo plano y respetar las decisiones que ambos como padres tomen”. Lógicamente si pones unas ciertas normas de convivencia, porque, al fin y al cabo, conviven contigo, pero nada más. Este apartarse, este callarse, en cierto modo te aísla y para Isabel hay que trabajarse mucho este silencio para que no te dañe. Requiere soltar el control y requiere honestidad y es un gran aprendizaje. De hecho, Isabel me comentó que le ha ayudado a conocerse mejor, a ser más tolerante, más abierta, más tranquila, a gestionar las emociones en lugar de tragarlas y a aceptar. Ahí es nada.

¿Te imaginas vivir todo esto? Por eso ella cree que es importante hablar con otras mujeres que estén en tu misma situación, tarea nada fácil porque, hasta donde yo sé, no existe ninguna asociación, ni punto de encuentro, aunque aquí tiene esta comunidad en la que sea cual sea tu circunstancia como mujer sin hijos, puedes sentirte a salvo para compartir y expresarte sin miedo a ser juzgada.

A Isabel le hubiera gustado tener más información, haber hablado con otras mujeres que lo estuvieran viviendo y tener claras unas cuantas cosas, pero no es un tema del que se hable mucho. Así que ella, después de reflexionar sobre su experiencia y con la sabiduría que te da el tiempo, considera que existen tres pilares fundamentales a tener en cuenta cuando vas a meterte en una situación como esta:

1. Tu relación con los niños. Debes tener muy claro que no son los hijos que no tuviste, por lo tanto, tampoco son los sobrinos de tus hermanos ni los nietos de tus padres. Y esto, para ella es clave, porque sufrió mucho cuando los niños de su pareja no entendían porqué tenían que ir a ver a su familia, cosa que después entendió. Y lo entendió porque se dio cuenta de que ese concepto tan en boga de las familias “diversas” en este caso en concreto, más que ayudar, perjudica. Perjudica en el sentido de que puede crearte la expectativa de que tienes una familia, y no es así. Tienes una pareja que tiene una familia. Tu pareja tiene su familia, en la que están los niños, los niños tienen su familia (padres, abuelos, tíos) pero tú no eres su familia. Tú eres una adulta que convives con ellos. Isabel me dijo que entenderlo así le dio tranquilidad.

Por supuesto, no hacer el papel de madre, cosa que reconoce no es fácil porque convives con ellos y haces cosas que haría una madre: lavarles la ropa, prepararles la comida, ayudarles con los deberes…ella cree que esto les hizo mucho daño tanto a ella como a los niños, y vio que la mejor opción era dejar estas tareas para el padre, siempre que fuera posible.

Y, relacionado con el tema de tener claro que los niños no son tu familia, también considera importante gestionar las expectativas respecto al vínculo que puede generarse. Me comentó que al principio quería crear ese vínculo, pero que se dio cuenta de que eso no era posible, al menos no un vínculo fuerte. De hecho, está muy segura de que la relación con los niños dura solo hasta que dura la relación con la pareja y esto lo ha visto en amigas que han convivido con niños desde muy pequeños, niños que habían perdido a sus madres, y aún así, al separarse de su pareja, la relación con ellos finalizó. Así que, aunque reconoce que los quiere, no se pelea ya por crear ningún vínculo.

2. Tu relación con tu pareja. Isabel cree que hay que prepararse muy bien desde el principio y sentar las bases con la pareja de cómo se va a funcionar en el día a día, qué cosas va a hacer cada uno, qué espera de ti, cuál crees que va a ser tu papel y cómo va a ser la vida diaria. Y en este sentido considera muy importante cómo se le va a llamar. A Isabel su pareja la presentó como la novia de papá y, ella ahora se pregunta ¿qué es ser la novia de papá?, porque claro, al principio esto era muy guay, salían todos juntos y se lo pasaban bien, pero cuando la “novia de papá” deja de venir a veces para instalarse en casa, la cosa cambia. Para ella es importante esto porque te posiciona de una manera u otra frente a los niños.

Por otro lado, el tema de dónde vivir, también es un tema que Isabel considera importante ya que, si lo haces cerca de los niños, y por tanto de su madre, puede generar conflicto con la pareja, pero si lo haces lejos, puede ser un trastorno para los niños que lo utilizarán como excusa para no querer irse con el padre, o para ir a regañadientes, sobre todo a ciertas edades en las que necesitan estar cerca de sus amigos y su entorno.

Y, por último, cree que hay que tener claro que para tu pareja la prioridad son sus hijos, no eres tú. Esto debe ser difícil de asumir, aunque, creo que en el caso de las parejas con hijos ocurre un poco lo mismo en la mayoría de los casos, sólo que, al contrario: los hijos se convierten en una prioridad para las madres dejando, muchas veces, a sus parejas en segundo plano. Y no es que lo diga yo, es que lo he visto a mi alrededor, en amigos y conocidos y en mujeres que he acompañado. Pero bueno, volviendo al tema esto significa que él les educa y que, como decía Isabel, lo mejor es que te mantengas en un segundo plano.

3. Tu vida personal. Para Isabel este es un punto muy importante para no perder tu centro, tu tranquilidad. Es importante darles prioridad a tus valores, a tus actividades, a tu vida en definitiva y quedarte, con respecto a la relación del padre y los niños, en el papel de observadora, papel, que para Isabel tiene un gran valor porque al no involucrarte, al no ser su madre, puedes ver desde fuera las cosas mucho mejor y, si te preguntan, puedes aportar ideas y puntos de vista nuevos y no sesgados.

Otro punto importante aquí es no dejarse manipular con frases como “pobrecitos, es que tienen dos casas” o “pobrecitos, es que están siempre de un lado para otro”. Sea o no cierto, lo cierto es que tú estás en medio y tú no tienes la culpa de lo que les ha pasado. Ella recalca que no puedes cambiar tu actitud por esto.

Al final de la conversación ella reconoce que a pesar de que cuando mira hacia atrás ve momentos bonitos, si lo hubiera pensado antes, no lo habría elegido. También reconoce que te acaban importando más de lo que te crees y por lo tanto cuanto mejor te prepares antes, mucho mejor.

A mí me parece una elección de vida muy valiente y que te puede hacer crecer mucho como persona, siempre que la elijas sabiendo a lo que te enfrentas o que, como Isabel, tengas la honestidad de ir descubriendo cómo hacer que todo sea más fácil una vez que ya estás dentro. Pero, también creo que no todas estamos dispuestas a ello y que no pasa nada si no puedes. Ni eres mala persona, ni eres egoísta, recuérdalo por favor.

Y nada más, espero que el testimonio de Isabel te haya servido al menos para saber que no estás sola. Y si te ha dado claves o te ha inspirado, yo encantada de haberlo escrito. Como siempre, me encantará conocer tu opinión aquí en los comentarios, en Instagram o a mi correo electrónico, donde prefieras. Siempre contesto.

Un abrazo y ¡hasta la próxima!

Foto de Annie Spratt para Unsplash

Pocholate

La comunidad para mujeres sin hijos

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   hola@pocholate.com

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